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Cosas que no sabias de la SGAE para tu boda o evento

En principio, cuando una pareja va a casarse, su intención es hacerlo sólo una vez, así que, habitualmente se enfrenta a muchísimas dudas, ensayos y errores.

De vez en cuando, os iré aclarando algunas de estas dudas en los post por si os sirven de ayuda.

Hoy empezaremos, cómo no, con una duda musical.

¿Tengo que pagar a la SGAE por poner música en mi boda?

Rotundamente no.

Algunos intentarán metéroslo en el cubierto, otros os dirán que lo debe pagar el Dj y otros os dirán que os preocupéis vosotros mismos.

Pero, ¿quién debe pagar?

Remitiéndome a la página web oficial de la propia SGAE, quien ha de pagar por:

 

  • Bailes celebrados con motivo de bodas, bautizos y comuniones para los que el acceso de todos los asistentes se realice mediante invitación personal y no condicionada a contraprestación de clase alguna.
  • Bailes que se celebren con motivo de actos sociales de carácter singular cuyo acceso esté condicionado al abono de un precio de entrada o a la compra de cualquier bien o servicio, y entre los que se encontrarían incluidos los celebrados con motivo de la Noche de Fin de Año o Navidad y celebraciones de análoga significación.

 

es el servicio de restauración, hostelería y hospedaje. Así pues, el restaurante es quien ha de abonar casi 142 € hasta 100 invitados y por tanto, obtener la autorización de los titulares de derechos de autor correspondientes utilizando el repertorio musical a través de cualquier medio (radio, tv, cd, internet, gramola-hucha, juke box, actuaciones en vivo o en directo…), pudiendo solicitar hasta un 20% de descuento.

 

Así que, mis queridos novios, una cosa menos de qué preocuparos.

 

Besos de Vanesa Ramos,

#equiposanchez

NO PERDER EL SENTIDO DE LA CORDURA

No hace mucho, recibimos una llamada de uno de nuestros novios.

La descripción era la de un hombre amable, correcto y de voz grave.

Durante varios minutos la conversación giró en torno a saludos y otras palabras, pero al adentrarnos en los pormenores musicales de su boda, su tono de voz cambió.

De pronto, el hombre correcto y amable, se me presentó alicaído, triste y en definitiva, vencido. Me apenó sobremanera notarlo así. Creo que la idea que tenemos todos de una boda es la de celebración y disfrute de la unión entre dos personas, así que notar que uno de los dos contrayentes no parecía feliz, me entristeció.

Pero, ¿cuál era el problema? Una simple canción.

Los perfiles musicales de los novios parecían bien distintos, pero en un primer momento, llegaron a un acuerdo de sonorizar con canciones del perfil del novio algunas partes de la ceremonia y del cóctel, y el resto del evento con canciones de la novia. Un acuerdo más o menos equitativo y justo y que dejaba a todos contentos por igual. Pero a medida que se acercaba la boda, la lista con las canciones del novio disminuía a pasos agigantados, hasta quedarse con una sola: la de su entrada a la ceremonia. Aunque por lo que me contaba en esa conversación telefónica no iba a escuchar nada que le pareciese especial.

Nos llamaba para eliminar su lista en favor de la de su prometida, ya que ella no acababa de ver una canción de música clásica en la entrada del que sería su marido.

Sinceramente, intenté abogar por él, pero prefirió darse por vencido y claudicar ante la felicidad absoluta de su futura mujer.

No sé si el pequeño sacrificio de este hombre tuvo su recompensa o si son felices comiendo perdices. Lo que sí sé, es que las novias podemos ser a veces, según definición de una película de Hallmark, verdaderas Noviazcillas.

A veces, nos metemos en una vorágine de preparativos, sueños y control, que no nos damos cuenta de lo importante o desviamos la vista por egoísmo personal.

La música es importante, tanto que nos puede hacer sentir escalofríos, llorar, reír, ponernos las pilas, recordar a alguien o acompañarnos en el camino.

Para nosotros, la música es la banda sonora de nuestra vida y el hecho de no ser capaz de permitir al amor de tu vida elegir una sola canción o prescindir de ella por amor, nos hace ver en qué clase de personas nos convertimos en los momentos importantes.

Al final, sólo se trata de mirar a los ojos de la otra persona y escuchar la música de su corazón.

Besos,

#equiposanchez

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